CASA 4, calle Maldonado 59, barrio Salamanca, Madrid, ESPAÑA del 6 al 27 de Mayo 2026
Lola de Miguel presenta en esta nueva exposición grupal, su primera en España, tres cuerpos de obra que dialogan entre sí desde la abstracción: Memoria sentada, Donde habita la memoria y Memoria zen. En conjunto, la muestra propone una exploración de la memoria no como relato lineal, sino como materia viva: fragmentada, sensorial y en constante reconfiguración.
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MEMORIA ASENTADA by Lola de Miguel @Lola de Miguel, 2026. Todos los derechos reservados |
Memoria sentada
La primera pieza, de gran formato —superior a los cuatro metros—, se despliega como un ejercicio de “connecting the dots” emocional y pictórico. La superficie está dominada por negros densos, trabajados con pinceladas que oscilan entre lo contenido y lo expansivo. Sobre ese fondo emergen acentos cobrizos y dorados, que operan como vectores de ambición y pulsión vital. El azul introduce una dimensión espiritual, casi respiratoria, mientras que los blancos y beiges articulan un territorio de asentamiento y aceptación. No hay narrativa explícita: la obra se construye como un campo de tensiones donde la memoria se sienta, se posa, y encuentra una forma de permanencia.
Donde habita la memoria
El segundo conjunto adopta la forma de un tríptico. Su origen se sitúa en los paseos de la artista por París, en esos encuentros silenciosos con objetos cargados de historia: una taza, un cuadro, una escultura. Elementos cotidianos que, sin embargo, contienen múltiples capas de memoria acumulada. La obra no representa estos objetos; los evoca. Cada panel funciona como un umbral donde lo contemplado se transforma en huella. Aquí, la memoria no es introspectiva, sino relacional: habita en lo que ha sido tocado, mirado, usado. El tríptico articula esa experiencia en tres tiempos, tres respiraciones, tres formas de aproximarse a lo bello como depósito de vidas anteriores.
Memoria zen
El tercer cuerpo es una serie de nueve piezas, de las cuales se exhiben seis por limitaciones espaciales. Estas obras condensan momentos de meditación, donde la práctica reduce la experiencia a tres elementos esenciales: atención, espacio y presente. La abstracción aquí se vuelve más contenida, más silenciosa. No hay gesto innecesario; cada trazo responde a una economía de intención. La memoria deja de ser acumulación y se convierte en vacío activo, en disponibilidad. Lo que se presenta no es lo recordado, sino la condición que hace posible recordar sin apego.
En su conjunto, la exposición plantea una cartografía íntima donde la memoria transita entre lo denso y lo ligero, entre lo vivido y lo contemplado, entre la materia y el vacío. Todas las obras, de carácter abstracto, rehúyen la representación directa para situarse en un territorio más esencial: el de la experiencia.
La trayectoria y universo personal de la artista pueden explorarse en su espacio autobiográfico en Lolademiguel.com, y a través de su instagram: lolademiguel_art donde se recogen las claves que atraviesan su práctica: la observación, el amor por el color y la interconexión de temas que le tocan emocionalmente
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